Mi viaje a Maldivas

Madre mía, ¿cómo voy a resumir en un post el mejor viaje de mi vida? Eso fue lo primero que pensé al sentarme hoy a escribir. Y no fue fácil. Siempre me habían llamado la atención las Islas Maldivas, soy una enamorada del mar (cuanto más turquesa mejor) las playas de arena blanca y los destinos exóticos. Así que cuando mi marido me dio la sorpresa y nos dijo que nos íbamos casi me da un “telele”. Teníamos muchas cosas que celebrar, entre ellas 15 años juntos ( y a gusto claro) y pensó que ésta sería una gran forma de hacerlo…y tanto que lo fue mi amor.

El viaje, no te voy a engañar, es bastante largo. Hicimos escala en Madrid y luego en Dubai, para por fin coger el último avión hasta Male, capital de Maldivas. Las vistas desde el avión ya nos dejaron impactados, y el viaje sólo acababa de empezar…

Ya en Male cogimos una lancha que nos llevó a nuestra isla, Furanafushi…

La llegada a nuestra “water villa”, una cabaña sobre el mar con el baño más espectacular que he visto nunca y un agua turquesa difícil de olvidar, fue impactante.

Y si el paisaje nos sorprendió, la cena de esa noche no se quedó atrás…Cada día comíamos aún mejor que el anterior…

 

Cada día llegaba pescado fresco, elegías el  que más te apetecía y te lo cocinaban a tu gusto. Y la presentación siempre cuidadísima…

También hubo sitio para  los postres claro…

Éste último mi preferido, estuve cinco noches seguidas pidiendo lo mismo; helado de vainilla y frambuesa con galleta crujiente…espectacular.

Pero, sin duda, lo que más me sorprendió de las Maldivas fueron sus fondos marinos. Realmente nunca me había llamado mucho la atención eso de los peces y el buceo, de hecho me daba  “yuyu” hasta el momento, pero allí descubrí que no sólo me gustaban sino que se convertirían en mi nueva pasión. Hacer snorkel y sumergirme en el mar me daba tanta paz que  se me pasaban las horas  volando, o más bien nadando…

La cantidad de peces de diferentes colores que vimos fue brutal, peces payaso, peces loro, ballesta, cirujano…

Y hasta me atreví a nadar con mantas y rayas que eran más grandes que yo.

Y correr detrás de mini tiburones y no tan minis ja,ja,ja.

Y lo que me terminó de enamorar… esta tortuga carey. Qué cosa más bonita…

La verdad es que es imposible describir tanta belleza con palabras… y tampoco tengo palabras para resumir la que fue nuestra última excursión, una visita privada a un “sandbank” que es algo así como un pedazo de arena en medio del agua más increíble del mundo…

Parecía de anuncio..de hecho en medio de la arena había corales muertos tan espectaculares como éste que obviamente no pude llevarme a casa.

La verdad es que estaría horas hablándote de este viaje pero tampoco es plan…eso sí, si alguna vez tienes oportunidad de viajar a Maldivas no te lo pienses, te aseguro que no te arrepentirás. El color del agua era tan intenso que parecía que le echaban colorante turquesa pero te garantizo que ninguna de las fotos está retocada, era simplemente así…único…

Lo dicho, sin lugar a dudas el viaje de mi vida. Te dejo con algunas fotos más por si te parecieron pocas (modo irónico on)

Y me despido con una frase que dicen allí y que resume nuestro viaje :No news, no Shoes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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